Ser padre de un joven emprendedor

Artículo suscrito por Marcelo Gonzales Yaksic, abogado tributarista.

Tengo tres hijos menores de 25 años, y como todos los jóvenes bolivianos de esas edades, ellos han crecido bajo un régimen económico liberal administrado extrañamente por comunistas, y que hasta ahora perdura. Sé que mis hijos tienen sus grandes ideas de negocios y conocen las ventajas del sistema de libre mercado; y como padre, los veo con pocas probabilidades de éxito en sus emprendimientos dentro de la legislación empresarial actual; y creo que el Gobierno en estos últimos 15 años tampoco ha creado oportunidades. Por el contrario, ha aumentado la excesiva carga de trámites burocráticos para crear empresas y pisa el acelerador de la infernal represión tributaria. Tampoco quiero que mis hijos terminen en la informalidad, porque personalmente veo a ese ambiente como algo obscuro, casi delincuencial.

El excesivo cumplimiento de deberes formales, y la nefasta existencia de formularios, libros, balances, registros, módulos, reglamentos, sanciones, multas, aportes patronales, y un sinfín de obligaciones con entes públicos de control son el justificativo para desalentar al más valiente emprendedor. Como muestra, un botón: el Servicio de Impuestos Nacionales (SIN) tiene un sistema de recaudaciones muy completo, que se aplica de manera uniforme y universal a los contribuyentes con realidades económicas muy distintas. Una microempresa o un joven emprendedor tiene el deber de utilizar los mismos sistemas informáticos que una gran sociedad anónima, porque al SIN no le importa el costo administrativo que esto implica. Con razón existen los cocaleros, minoristas, transportistas, cooperativistas y otros laburadores informales.

Si las autoridades del Ministerio de Economía y Finanzas Públicas (MEFP) hasta ahora no hicieron esfuerzos para resolver el problema de los grandes evasores, escudados en la informalidad, tampoco espero que creen oportunidades para los jóvenes emprendedores. Si en la lógica del MEFP existe un plan para redistribuir la riqueza, ya se debería proponer algo serio para proteger el talento y la creatividad de los jóvenes bolivianos que sí pueden crearla. Estoy convencido de que llegó la hora de simplificar, no sólo los trámites burocráticos para crear empresas, sino también los mecanismos tecnológicos para facilitar el cumplimiento voluntario de deberes, entre otras facilidades. Puede que sea la gran solución para estimular la economía nacional y reducir la informalidad.

Estoy seguro de que los jóvenes emprendedores quieren desarrollar sus capacidades creativas de generación de riqueza y empleo en libertad absoluta, pero eso sí cumpliendo sus deberes fiscales de forma simple e inteligible. Lo que más me encanta es que ha servido de algo la educación con valores, ellos tampoco quieren ser informales. Ven más allá de sus narices, son ambiciosos, pero también son responsables. Muchos padres de mi generación no se atrevieron a seguir el camino de la prosperidad, porque en Bolivia hay demasiados obstáculos con alambres de púas y muchas minas explosivas incluidas, sin contar a los asaltantes que merodean en todos los parajes de la administración pública. Siempre dije que los negocios en Bolivia solo son para verdaderos masoquistas o para poderosos evasores.

En medio de la pandemia, el presidente Lucho sabe que ya no existen fuentes de trabajo en el sector privado de la economía y que el aparato burocrático ha colapsado con la ingente demanda de pegas para los militantes azules. Políticamente, y ahora más que nunca, le conviene al Estado estimular la iniciativa privada de los jóvenes emprendedores dentro de los marcos de la ley, acompañando esta tarea con un cambio jurídico integral de la normativa administrativa para crear empresas y empleo, que ya está obsoleta y fundada en disposiciones legales innecesarias que complican aún más el escenario de inseguridad. Hay que despejar ese camino para la creación de fuentes de trabajo, generación de riqueza y su redistribución. No le queda otra alternativa al presidente Lucho, porque ya tiene que dejar de dar tumbos delante de la gente joven que está en condiciones de salvar al país con su iniciativa, creatividad y compromiso. Ya no queda tiempo, yo personalmente me anoto para cambiar, por el bien de mis hijos, la normativa de creación de empresas y su desarrollo en libertad.


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