La década del código imperialista

Han pasado 10 años de la promulgación y publicación del Código Tributario Boliviano, hasta ahora vigente.

Fue ese 3 de agosto de 2003 que el último presidente de la República de Bolivia, Gonzalo Sánchez de Lozada, firmaba esa ley. Sin duda, este código es una de las piezas claves que ha consolidado una bonanza económica mal aprovechada y que ha generado la recaudación tributaria más alta en la historia de Bolivia. Los historiadores no podrían negar que fue Evo Morales, líder de los cocaleros y de los masistas emergentes, quien tildó a este código como “anticonstitucional, neoliberal e imperialista al servicio del FMI” (sic). Así fue como sus mejores amigos, los emblemáticos diputados azules, Santos Ramírez y Antonio Peredo, promovieron un incidente de inconstitucionalidad contra esta ley, sin saber siquiera que se convertiría en uno de los instrumentos fundamentales del antiimperialismo boliviano y la punta de lanza del proceso de cambio que edificaría el nuevo Estado Plurinacional.

Hay que recordar a estos dos diputados. Ellos lograron institucionalizar el derecho del contribuyente a la tutela jurisdiccional, es decir arraigaron el derecho para ampararse con un juez imparcial contra el abuso del poder fiscal del Estado neoliberal, y el personaje que los vanaglorió fue el mismísimo cocalero Evo Morales. Contradictoriamente, ahora como el Presidente del Estado, con acciones gubernamentales muy claras, ha borrado este derecho y ha colocado a los contribuyentes formales en el peor escenario de la presión fiscal, sin posibilidad de acceder a esa tutela, sometiéndoles a un acoso irresistible y una indefensión increíble.

Estas irracionalidades folklóricas que ejecuta el Gobierno con el Código Tributario en la mano, han sido desnudadas por los resultados del Censo de 2012, tan manipulados y barajados. Ocurre que en los últimos seis años unos departamentos han incrementado su población pero misteriosamente han reducido su recaudación tributaria, es el caso de Potosí. Este hecho resulta inexplicable cuando, utilizando el mismo código, el Gobierno materializa una de las presiones fiscales más altas de América entera, que se imprime sobre los actores de la economía formal de otros departamentos que habiendo “reducido” su población han incrementado su aporte en tributos de forma exponencial, como Cochabamba y Santa Cruz. ¿Qué ha pasado?

Así también, ya se oyen voces disonantes dentro del Gobierno que no están callando las defraudaciones tributarias en las que han incurrido las empresas estratégicas nacionalizadas. Las estadísticas muestran que una empresa estatal “equis” que vende unos servicios “equis” en grandes cantidades está pagando efectivamente menos impuestos que otros operadores privados que, vendiendo en menor proporción los mismos servicios y al mismo precio, pagan más impuestos. Un desequilibrio total.

Ya quisieran tener un Código Tributario así los recaudadores de impuestos en Cuba o en otro paraíso socialista. Sin duda, es una de las mejores leyes que ha dejado la República extinta y está siendo muy bien utilizada por los socialistas comunitarios, ahora en el poder. Así es que los apologistas del antiimperialismo, reunidos en Cochabamba estos días, deliberadamente han obviado considerar estas prácticas tan peculiares que adoptan sus líderes mundiales, entre ellos Evo Morales. Esta es una de las razones que nos permiten afirmar que si en estos últimos 10 años hubo cambio, éste no se nota y que los antiimperialistas no habían sido tales.

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