La gallina y sus huevos

Artículo suscrito por Marcelo Gonzales Yaksic, abogado tributarista.

Hace unas semanas, el militante masista Álvaro García, otorgó una entrevista al diario español de línea “progre”, La Última Hora. Dijo que llegó el momento de hacer una reforma tributaria en Bolivia, que “ajuste una mayor tasa impositiva a las personas que tienen muchos más recursos, el impuesto a las fortunas es el primer paso (…), hay que imponer un impuesto a las exportaciones del agronegocio en Bolivia”.

No dejó espacio para las suposiciones, García, y cargó objetivamente contra los empresarios agroindustriales de Santa Cruz, que aún no se han alineado con la agenda que el socialismo del siglo XXI tiene pendiente de cumplimiento en Bolivia. Lo que este militante no explica son las razones por las cuales durante los 14 años de su gestión como vicepresidente del Estado no implementó ese deseo visceral de cualquier socialista ortodoxo, como es él, de atorar y asfixiar a los malvados capitalistas. Lo raro, extraño o enigmático del caso es que los gobernantes autómatas de hoy hincaron el pie en el acelerador para la consolidación el modelo socialista, en menos meses de lo pensado.

¿Por qué esa animadversión de García hacia los agroindustriales cruceños? Independientemente de su radicalismo violento para enarbolar la dictadura del proletariado, él ha sufrido, como servidor público, el mismo pesar que ha mortificado a todos los gobernantes, más o menos democráticos, desde 1982. Todos, sin excepción, han cuestionado la cantidad enorme de subvenciones que reciben los empresarios que radican en Santa Cruz y les benefician económicamente, mientras pagan ridículas cantidades de impuestos. Hasta Hugo Banzer, como presidente democrático, salía de sus cabales cuando cuestionaba la falta de involucramiento del sector agroindustrial cruceño en el sistema tributario, pese a que muchas de las subvenciones las había otorgado él mismo cuando lideraba su dictadura durante los años 70.

Los del régimen agropecuario se benefician con devoluciones de dinero por tributos pagados en el mercado interno, tienen a su favor también subvenciones de energía eléctrica, combustibles líquidos, incluido el diésel que es el peor componente de las proyecciones presupuestarias que cada año realiza el Ministerio de Economía y Finanzas Públicas (MEFP). Con todos estos beneficios irracionales, el Estado social comunitario (de corte neoliberal, como yo lo denomino), y que ahora conducen los masistas autómatas, tiene urgencia de recursos para destinarlos a bolsillos corruptos en la provisión de bienes y servicios, bajo el rótulo de “es para pagar salud y educación”, y ese impuesto a las exportaciones es una buena fuente.

Todo parece indicar que el Impuesto a las Grandes Fortunas (IGF) no ha logrado presionar a los empresarios ricos del agro cruceño en la magnitud que esperaban los servidores azules del MEFP, y para emboscar a este sector de alta rentabilidad, en los próximos días o semanas, le crearán un impuesto con alícuotas progresivas de entre el 5% y el 15% a las exportaciones de productos agropecuarios, según ya anunció el militante García. Ni bien se enteraron de esta idea impositiva y de su próxima aplicación, los empresarios cruceños mandaron el mensaje al Gobierno para que limite sus entusiasmos socialistas y conserve la “gallina de los huevos de oro”, y no la mate. El justificativo de los empresarios es que el sector agroindustrial exportador es el único que mantiene en equilibrio la balanza comercial del país. Habría que confirmar esta hipótesis.

Estas contradicciones se están tornando muy artificiales entre los que proponen el nuevo impuesto a las exportaciones y los que posiblemente lo paguen. Mientras no exista un pacto fiscal serio, que parta de los principios de igualdad y universalidad para consolidar nuestro sistema tributario general, los cocaleros –también como agroindustriales– tienen servido el justificativo de que la coca y sus derivados son la “gallina de los huevos de oro” de la economía nacional. Si García se propuso sugerir esta reforma fiscal lo correcto sería que incluya a todos los bolivianos, no sólo a los que él aborrece; porque hay gente que también le odia, y no sólo a él, sino también a quienes le financian y no pagan impuestos. Qué tal si partimos con esta premisa: Aquí en Bolivia tributan todos o no tributa nadie.

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