Aquí todos pagan impuestos o no paga nadie

Artículo suscrito por Marcelo Gonzales Yaksic, abogado tributarista.

Muchos ciudadanos no se han enterado siquiera de que los cocaleros han decidido no pagar ningún impuesto, a menos de que les agrade. Para ellos el lema del Himno Nacional debería decir: “Morir antes que impuestos pagar”. No pagan ni un centavo en tributos, pero cobran los mil bolivianos del bono contra el hambre, generado con dineros de los impuestos, pese a ser el sector más cebado de la economía nacional. Qué contrariedad más burda.

Es que todos los contribuyentes honestos de Bolivia entera están irritados por lo que el senador cocalero del Movimiento al Socialismo (MAS), Leonardo Loza, ha afirmado: que los productores de coca serán quienes debatan unilateralmente el impuesto al sector “si algún día pagan”, y no los políticos, porque ven una venganza contra los cocaleros al crearles un impuesto. En cualquier país civilizado esta afirmación resulta siendo un insulto a la inteligencia. Mientras los cocaleros, cooperativistas, transportistas, ganaderos, cañeros, minoristas, contrabandistas, gremialistas y otras estirpes sostengan al Gobierno a cambio de sus liberaciones groseras, la igualdad tributaria seguirá ardiendo en este infierno fiscal a costa de unos contribuyentes que han sido presionados contra los límites más perversos.

El principio de igualdad tributaria fue consagrado en la Constitución Política del Estado (CPE) por los propios cocaleros y su banda de constituyentes, pero se les olvidó deliberadamente este lema: “Aquí en Bolivia pagan impuestos todos o no paga nadie”. Con todas las facturas políticas que tiene que cubrir el presidente Lucho –peor aún con esos rasgos lamentables de subordinación– que resulta imposible que ratifique públicamente este principio, el de igualdad, y menos los otros principios que sostienen la política fiscal boliviana como son la “progresividad, proporcionalidad, transparencia, universalidad, control, sencillez administrativa y capacidad recaudatoria”, (Art. 323.I de la CPE).

Ha llegado la hora de concretar, con buena letra y sobre el papel, un pacto tributario entre los ciudadanos y los gobernantes, para incorporar en el régimen general de impuestos a todos, incluidos los predilectos del oficialismo azul. De tal modo que las obligaciones tributarias sean verdaderamente generales y universales, vinculando a los bolivianos por igual. Es también hora de aligerar de las espaldas de la clase media esa dolorosa carga de ser la única y exclusiva responsable de sostener las finanzas públicas bolivianas. Todos estaríamos dispuestos a pagar impuestos y a aceptar el sacrificio, si supiéramos que los sectores privilegiados son los primeros en hacer cola para contribuir con dinero para el sostenimiento de los servicios públicos.

Estamos seguros de que los protegidos azules entenderán, al fin, que el destino del país está en esa línea de la igualdad, así como complacería al país entero que el presidente Lucho anule esas discriminaciones odiosas entre quienes pagan impuestos obligatoriamente y aquellos que, estando obligados, se ocultan bajo el ala protectora del poderoso. Por esto, hay que tener mucho cuidado con los contribuyentes formales que están esperando, pacientemente, una respuesta oficial contra estas injusticias y que, legítimamente, podrían actuar con furia suicida contra aquellos que les están sacando dinero tan sólo para colmar de beneficios a quienes no aportan un solo centavo.

Alguien me tiene que decir que estoy equivocado.

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